Bolivia vive inédita temporada de Carnaval por pandemia

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    La Paz, Bolivia (Xinhua).- Bolivia vive este año una inédita temporada de Carnaval entre la suspensión de los grandes desfiles de comparsas y cuarentenas rígidas en algunas ciudades por la ola de contagios de la enfermedad del nuevo coronavirus (COVID-19), hecho que provoca cuantiosas pérdidas económicas para los sectores que viven de las festividades.

    La temporada de Carnaval, tradicionalmente llena de desfiles y eventos masivos, se ha tenido que reinventar en medio de la ola de contagios que golpea al país sudamericano, con eventos virtuales y otros más pequeños que no impliquen la aglomeración de la gente.

    “Este año el Carnaval en todo el país es inédito debido a la segunda ola de la pandemia del coronavirus”, afirmó este lunes a Xinhua el secretario municipal de Culturas de La Paz, Andrés Zaratti.

    “Las autoridades regionales determinaron suspender todas las actividades presenciales referidas a las carnestolendas (fiestas de Carnaval) obligados por el temor a más contagios”, dijo el funcionario municipal.

    Zaratti comentó que pese a la oposición de algunos sectores, asociaciones de folclor boliviano convinieron tener como prioridad la salud de las personas, por lo que adoptaron trasladar las tradiciones a plataformas virtuales y redes sociales.

    En el país sudamericano se suspendieron de esta manera los principales desfiles y comparsas de Carnaval, con pérdidas a toda la cadena económica involucrada en los eventos populares de la temporada.

    Este ha sido el caso de las llamadas “comadres” del departamento sureño de Tarija (sur), así como la conocida “entrada” o llegada de los grupos de folclor a la ciudad de Oruro (noreste), celebración declarada Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad en 2001.

    Lo mismo sucedió con otras celebraciones tradicionales, entre ellas en la ciudad oriental de Santa Cruz de la Sierra, así como “La farándula” y el “Jisk’a Anata” de La Paz o el “Corso de Corsos” de la ciudad central de Cochabamba, que reúne a un número importante de fraternidades y grupos folclóricos que bailan al ritmo del son tocado por bandas musicales.

    A decir de Zaratti, Oruro y Santa Cruz son las dos ciudades bolivianas que mayor sacrificio han hecho al privarse de una fiesta popular que no sólo tiene raíz en la identidad de la población local, sino que representa una fuente de ingresos para miles de personas, al proveer de bienes y servicios a quienes participan.

    En los municipios de Cochabamba y La Paz, así como en otros del país, los gobiernos locales han impuesto también restricciones a las celebraciones, además de suspender actividades públicas, con excepción de aquellas que lo hacen a través de internet.

    El emblemático Carnaval de Oruro, la mayor fiesta popular de Bolivia, tuvo su celebración con una misas en honor de la Virgen del Socavón y la participación de algunos grupos musicales que transmitieron sus conciertos de manera virtual.

    A su vez, la alcaldía de La Paz desarrolla un programa con una veintena de actividades virtuales, incluidas charlas sobre las tradiciones locales, conciertos vía internet y exposiciones que evocan las fiestas.

    En tanto, en la capital de Santa Cruz, la determinación fue reforzada con una cuarentena rígida que inició el fin de semana pasado y que estará vigente durante los días feriados.

    La suspensión este año de las principales actividades de Carnaval en Bolivia
    dejará pérdidas por unos 500 millones de bolivianos (unos 72 millones de dólares) y afectará alrededor de 14 rubros de la cadena económica de la temporada, según estimaciones de la prensa boliviana.

    La presidenta del Colegio Nacional de Profesionales en Turismo (Conaltur), Marisol Echalar, consideró que la cancelación de las fiestas de Carnaval ocasiona un daño a la economía boliviana, porque involucra una cadena que incluye artesanía, gastronomía, hoteles y restaurantes, entre otros rubros, además de empleos temporales.

    Bolivia acumuló hasta el domingo 236.732 casos confirmados de la COVID-19 desde el registro del primero el 10 de marzo de 2020, así como 11.202 decesos, según el reporte del Ministerio de Salud y Deportes.

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