América Latina: Empujón a la cuarta revolución industrial

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Montevideo, Uruguay (Sputnik) mayo.- Hace casi cuatro años que América Latina oye hablar de la cuarta revolución industrial, primero desde la Organización Mundial de Comercio (OMC) en 2017, y un año más tarde por boca de los líderes del G20, que repetían la urgencia de prepararse para un mundo desconocido y que despertaba más desconfianza que ilusión.

La directora senior para América Latina del Foro Económico Mundial (FEM), Marisol Argueta, definía en ese entonces el fenómeno como “un avance sistémico de lo que es la aplicación de tecnologías que impactan en el individuo, las industrias y la sociedad en general”, según declaraciones al diario El País de España.

Argueta, ministra de Exteriores de El Salvador entre 2008 y 2009, recomendaba adaptar “nuestros empleos, el contenido y la forma de aprendizaje” e ir “ajustándose según la demanda y las posibilidades que hay de mejorar a través de la tecnología”.

Sensores, robótica, impresoras 3D y el tan mentado teletrabajo; la presencia física de hombres y mujeres en oficinas y líneas de producción es cada vez menos necesaria.

El manejo de los datos y, con él, la aparición de matrices flexibles, terminaron de preparar un terreno que encuentra en la pandemia de coronavirus el hecho desencadenante para que la región entre definitivamente a una nueva realidad laboral, enviando a cientos de miles de personas a trabajar desde sus casas, en el mejor de los casos.

“El coronavirus aceleró de manera brutal el camino hacia la cuarta revolución industrial”, opina el mexicano Octavio Aguilar Valenzuela, analista y director de la consultora Servicios AFAN, y agrega a Sputnik: “no hay ninguna organización que pueda dudar que muchas de las cosas que estamos viviendo ahora llegaron para quedarse”.

Las firmas también descubrieron que, además de atención telefónica a clientes y otras funciones administrativas, los canales virtuales resuelven otras tareas, como la capacitación a empleados y hasta la selección de personal.

Las empresas “van a poder liberar entre el 20 y el 30% de su espacio físico con los costos operativos que eso requiere, hasta el propio Gobierno va a poder hacer muchas de sus cosas con el personal trabajando desde casa”, asume Aguilar.

Nueva normalidad

Algunos gobernantes regionales ya piensan en esto; es el caso del presidente argentino Alberto Fernández, quien en una entrevista reciente aseguró que “va a haber otro mundo a partir de ahora” e instó a que la gente se pregunte si, una vez pasada la pandemia, “esto que se llama teletrabajo no se difunde más, con todas las ventajas que eso supone”.

No obstante, el nuevo paradigma podría cambiar en forma violenta la actual distribución internacional del trabajo; de hecho, el propio FEM estimó hace cuatro años una pérdida de 7 millones de empleos en los 15 países más grandes del mundo antes de 2020 por culpa directa de la automatización, la desintermediación y la redundancia de tareas y procesos.

30% de la población de América Latina es “millennial” (nacida entre 1981 y 1996), un grupo etario que, según una proyección de la consultora Deloitte, representará en 2025 el 75% de la fuerza laboral del mundo.

En términos regionales, Aguilar entiende que la oferta en Colombia podría crecer, dado que es un lugar “óptimo en las áreas de sistemas, con muy buen nivel y con costos muy accesibles” y Argentina, en tanto, “sigue siendo muy reconocida en áreas de coaching y psicología” dirigida a la captación de recursos humanos.

“En contrapartida, Brasil puede sufrir porque es un país que mira mucho hacia adentro y los niveles medios brasileños son caros en proporción”, analiza.

En su último informe la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) da la bienvenida a “una nueva normalidad”.

“A medida que la robótica, la automatización y el uso masivo de plataformas de teletrabajo se vuelven más eficientes, más baratas y fáciles de implementar, es probable que la automatización de algunos sectores y procesos productivos se acelere, con impactos sobre el empleo”, dice el organismo.

Así, el número de desempleados de la región llegaría a 37,7 millones, lo que implicaría un aumento cercano a 11,6 millones con respecto a las filas de desempleados de 2019 (26,1 millones de personas).

La CEPAL estima que a partir de la pandemia se vivirá la peor contracción de la actividad económica que la región haya sufrido desde que se iniciaron los registros, en 1900, y que la tasa de desempleo se ubicaría en torno a 11,5%, un aumento de 3,4 puntos porcentuales respecto del nivel de 2019 (8,1%).

Para el director del Centro de Economía Política de Argentina, Hernán Letcher, la situación —que también incluye a los repartidores de aplicaciones— “obliga a los sindicatos a ver qué postura toman con estas cuestiones”, “y creo que la postura debe ser hoy”, enfatiza.

Chile ya lo hizo y Colombia discute una ley que regule el teletrabajo y que diseñe un modelo de empleo justo, para que la “nueva normalidad” no saque a hombres y mujeres de un confinamiento sanitario con el objetivo de meterlos en un eterno confinamiento laboral, y todo sin salir de casa.

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