Peluqueros de Buenos Aires retoman actividad

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Imagen de jacqueline macou en Pixabay

Buenos Aires (Xinhua).- Los peluqueros y estilistas de la ciudad argentina de Buenos Aires retomaron hoy con entusiasmo y expectativa su actividad luego de estar impedidos de trabajar más de cuatro meses a consecuencia de la cuarentena que se estableció para mitigar la propagación de la enfermedad del nuevo coronavirus (COVID-19).

El sector, que da empleo a unas 15.000 personas en la capital, había quedado al margen de sucesivas flexibilizaciones implementadas por las autoridades en el marco del aislamiento que inició el 20 de marzo, y el miércoles pudo volver a la tarea con un estricto protocolo que incluye turnos preasignados, el uso obligatorio de tapabocas tanto para profesionales como para clientes y un horario acotado de las 11:00 a las 21:00 hora local.

“Las expectativas son tremendas. La gente reaccionó muy bien. Hemos estado todo el día sin parar, aunque con la mitad de la clientela de un día habitual, ya que de nuestros 16 sillones, ahora podemos usar sólo siete, para respetar el distanciamiento”, dijo a Xinhua el estilista Roberto Vernucci.

El establecimiento de Vernucci, ubicado en la avenida Independencia, en el barrio de San Cristóbal, recibió a clientes que se mostraron satisfechos con un protocolo que incluye control de temperatura corporal, alfombras sanitizantes en el ingreso, lavado de manos con alcohol en gel y distanciamiento.

No podemos ofrecer revistas ni café, pero ese presupuesto se destinó a elementos para cumplir los requisitos sanitarios, dijo el profesional, quien atendió a sus clientes con tapabocas y máscara facial.

“Estuvimos desde marzo sin trabajar. Con el programa oficial de asistencia al trabajo pudimos pagar parte de los salarios, y pagamos como pudimos los alquileres y otros gastos. Recibimos créditos bancarios para pagar deudas y no para invertir. Eso es triste, pero vamos para adelante, porque somos peluqueros de oficio”, enfatizó.

El estilista admitió que estos cuatro meses “hubo una pérdida económica importante, pero dimos prioridad a la salud. Ahora estamos haciendo un equilibrio, cuidando la salud y volviendo a trabajar”.

El protocolo vigente contempla la instalación de divisores plásticos, permite la presencia de un cliente cada 15 metros cuadrados y la obligación para los profesionales de desinfectar los envases de productos utilizados luego de cada corte.

“El cierre y todo lo ocurrido fue una sorpresa. Cuando comenzó iba a ser por 15 días y se extendió más de cuatro meses. Nos afectó, pero la reapertura la vivimos con entusiasmo y expectativa”, dijo a Xinhua el peluquero Enrique Sarkirian.

El profesional, que desde hace 20 años está al frente de un salón de belleza en la calle Delgado, en el barrio de Colegiales, al norte de la capital, valoró el respaldo de sus ocho empleados y la ayuda estatal, que le permitió afrontar parte de los salarios.

“Abrir hoy es casi una reinauguración, es como empezar de cero, y tenemos muchas expectativas. Además la gente está necesitada de nuestro trabajo, porque al verse bien se siente mejor. La reapertura nos viene muy bien a todos”, destacó Sarkirian.

El estilista reconoció que en lo emocional el cierre fue “muy duro. Fueron cuatro meses de incertidumbre, pero siempre lo hicimos mirando para adelante y esperando lo mejor. No me permití caer en la desesperación ni en el enojo, siempre traté de ser optimista”.

Por su parte, Luciano Leo, titular de un centro de belleza en la calle Aráoz, en el barrio de Palermo (norte), dijo que la firma debió cerrar una de sus tres sucursales, pero sin despedir a empleados.

“Estábamos con ansiedad tras un esfuerzo muy grande para llegar a este día. Cortar el pelo es lo único que sabemos hacer y nos vamos a poner de pie, porque somos gente de trabajo”, contó.

El profesional explicó que se toma la temperatura a los clientes, que deben completar una declaración jurada sobre su estado de salud, y aseguró que “el lugar es tan seguro como un quirófano. Tenemos máscaras protectoras y material descartable para que todos estemos protegidos”.

“Nuestro salón es de 200 metros cuadrados y el trabajo que antes estaba a cargo de siete personas ahora tiene a cuatro profesionales, para mantener el distanciamiento. La gente puede venir tranquila”, dijo Leo.

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