Muertos por COVID-19 aportan claves para la pandemia

Imagen de sungmin cho en Pixabay

(Sputnik).- Muchos hospitales de EEUU habían reducido la cantidad de autopsias hasta que comprendieron que estos procedimientos daban información crucial para mejorar los tratamientos por COVID-19. La forma en que el virus ataca los pulmones, el cerebro y el corazón, entre otros, fueron comprendidos recién al consultar los cuerpos de las víctimas.

Decenas y decenas de series y películas policiales lograron que casi nadie en el mundo desconozca la importancia que una autopsia puede tener a la hora de esclarecer las causas de un crimen. La hora de la muerte, el arma homicida, la identidad del atacante y hasta si hubo un forcejeo previo son algunos de los elementos que un médico forense puede aportar a los investigadores al examinar el cadáver de una víctima.

Pero no es el único caso en el que una autopsia puede ser crucial. Menos reflejadas en la ficción, las autopsias a pacientes que mueren por enfermedades suelen aportar información clave para que los médicos conozcan mejor la dolencia que causó las muertes. En medio de una pandemia de COVID-19 que no para de dejar muertos, las autopsias a los fallecidos tienen un papel que desempeñar.

Un artículo publicado por el portal Undark y recogido por Smithsonian Magazine da cuenta de cómo las autopsias realizadas por médicos estadounidenses a pacientes fallecidos por COVID-19 revelaron datos que los propios profesionales de la salud no se esperaban.

Uno de los hallazgos más notables hechos por el equipo de Mary Fowkes, una patóloga forense del Mount Sinai Hospital de Nueva York, fue que los primeros 17 fallecidos por el nuevo coronavirus que fueron analizados presentaban múltiples hematomas en todo el cuerpo. Cuatro de ellos habían fallecido por embolia pulmonar luego de que se bloquearan los vasos sanguíneos de los pulmones.

Fowkes explicó que el hallazgo permitió cambiar la forma en que se trataba a los pacientes. A las siguientes personas que se trataban por COVID-19 se les aplicaron anticoagulantes. El tratamiento tuvo éxito y, si bien siguieron muriendo pacientes, los cuerpos ya no presentaban los hematomas.

El equipo también logró comprobar la afectación del COVID-19 en el cerebro cuando identificó al virus dentro del lóbulo frontal de pacientes que, en vida, habían manifestado confusión y pérdida de olfato.

Las autopsias también permitieron a los médicos corregir algunos diagnósticos sobre cómo el virus atacaba el corazón e incluso encontrar algunas enfermedades subyacentes que se vuelven más peligrosas al actuar junto al coronavirus.

A partir de los hallazgos, muchos hospitales estadounidenses comenzaron a incrementar la cantidad de autopsias hechas a pacientes, una práctica que venía cayendo en las últimas décadas por la flexibilización de las regulaciones, las mejoras en la imagenología y la voluntad de ahorrar costos.

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