Gases intestinales, ¡no los reprimas!

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Sputnik abril.- Aunque a nadie le guste hablar de eso, conocer la naturaleza de los gases intestinales puede ser muy favorable para entender la salud y la alimentación de las personas. En su composición pueden estar las respuestas para todo tipo de trastornos intestinales.

Los gases intestinales, salvo por el nitrógeno, están relacionados con una serie de enfermedades a su vez vinculadas a la malabsorción de alimentos, por ejemplo, la celiaquía (que no permite que el cuerpo absorba alimentos con gluten), el síndrome de intestino irritable, enfermedades inflamatorias intestinales e incluso el cáncer de colon.

Un estudio de la Universidad de Nueva Gales del Sur, Sidney, publicado en la revista científica Nature, observó el funcionamiento interno de los intestinos y la composición de los gases para detectar el origen de los trastornos intestinales. El texto señala que todo está relacionado directamente con la alimentación, ya que son los alimentos ingeridos los que producen dichos gases y condicionan el funcionamiento del sistema digestivo.

Por esto, “comprender en profundidad las complejas interacciones que hay dentro de los intestinos mejorará nuestra capacidad para prevenir, diagnosticar, tratar y controlar muchos trastornos gastrointestinales”, apunta el estudio.

“Ajustar la dieta es, generalmente, la primera indicación para resolver estos desórdenes, ya que nuestros gases se componen de la comida que comemos”, explicó en un comunicado de la universidad el profesor de ingeniería química que encabezó la investigación, Kourosh Kalantar-Zadeh.

El profesor recordó que incluso el icónico Benjamin Franklin, uno de los próceres de Estados Unidos, escribió acerca del tema hace más de 200 años. “Él fue uno de los primeros en proponer que distintas clases de comida tienen distintos efectos en la salud de nuestros intestinos y que estas variaciones pueden medirse al oler las flatulencias, aunque no estoy demasiado seguro de sus métodos”, señaló Kalantar-Zadeh.

No todos los gases huelen igual: de hecho, no todos los gases huelen. “Curiosamente, los gases más abundantes en el sistema digestivo —nitrógeno, oxígeno, dióxido de carbono, hidrógeno y metano— son inodoros”, dijo el investigador.

Los que huelen mal son en realidad los sulfuros, gases compuestos que se encuentran en pequeñas cantidades en el colon. El resto suele ser resultado del microbioma —colonias de bacterias que viven en el intestino—, que descompone los carbohidratos, grasas y proteínas.

El equipo de UNSW, junto con sus socios en la Universidad de Monash y la nueva empresa Atmo Biosciences, está comercializando una cápsula para analizar los gases gastrointestinales con tecnología de detección de gases. El aparato detecta las medidas gaseosas en su trayecto por el intestino y transmite los datos de manera inalámbrica para su análisis y estudio.

Las mediciones de gases habituales implican desde simuladores intestinales de laboratorio hasta la inserción de tubos en el colon o intestino delgado. La cápsula diseñada por Kalantar-Zadeh evita los métodos invasivos, y además tiene la ventaja de la medición de los gases en su ambiente natural.

“No hay ninguna herramienta médica que pueda hacer lo que hace esta cápsula”, aseguró. La cápsula permite observar con precisión la composición de los gases en relación con los alimentos que los producen, lo que “puede ser inmensamente valioso para los estudios clínicos de la digestión de los alimentos”, añadió.

Actualmente, la empresa está probando la versión comercial de la cápsula, cuyos resultados serán expuestos en un nuevo trabajo académico, adelantó Kalantar-Zadeh.