¿Suprimir o no? La UE y el cambio de hora

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Roma (Sputnik).- El cambio de hora de este fin de semana, que podría resultar el último en la UE, volvió a reavivar los debates entre los partidarios y los detractores de su anulación.

En 2018 los ciudadanos de la UE lo dejaron más que claro: según un sondeo realizado de la Comisión Europea, el 84% de los 4,6 millones de encuestados se declaró cansado de tener que ajustar las agujas del reloj dos veces al año.

El Parlamento Europeo les dio razón y estableció que 2021 iba a ser el último.
Los países tenían la libertad de elegir si quedarse con el horario de invierno o el de verano, aunque el Parlamento les recomendó que coordinasen sus decisiones para no perjudicar al funcionamiento del mercado común.

La Comisión Europea también se expresó a favor de la supresión del cambio, pero a condición de que todos los países mantuviesen el horario de verano.
Eso causó polémica, pero, con el estallido de la pandemia del coronavirus, el cambio de hora desapareció de la agenda europea.

Beneficios económicos…

Los primeros en cambiar la hora fueron Alemania y sus aliados en la Primera Guerra Mundial, por razones puramente económicas: la escasez de recursos con los que se enfrentaron durante el conflicto obligó a los Gobiernos de las Potencias Centrales a hacer de todo para ahorrar el carbón, la materia prima más importante de aquel entonces.

Tras el conflicto, la así llamada hora legal se aplicaba de vez en cuando en diferentes países europeos. Su momento de gloria llegó con la gran crisis de petróleo de los años 70, cuando los Gobiernos, desesperados por el encarecimiento imparable de los hidrocarburos, vieron en el cambio de hora un instrumento para contener su consumo. En 1980 la Comunidad Económica
Europea (predecesora de la UE) impuso reglas para que todos sus miembros cambiasen la hora de manera coordinada.

Cuarenta años después la principal razón que aducen los partidarios del uso de la hora legal sigue siendo el ahorro. Por ejemplo, según las estimaciones de la empresa Terna, que gestiona las redes eléctricas italianas, entre 2004 y 2020 Italia consumió unos 10.000 millones de kWh de energía eléctrica menos en el periodo estival, lo que equivale a un ahorro de 1.720 millones de euros.

En 2020 el horario de verano redujo el consumo de energía en 400 millones de kWh (66 millones de euros) y la emisión del CO2 en 205.000 toneladas de CO2.

Las ventajas del cambio de hora no terminan aquí, dicen los entusiastas. También se produce un importante efecto psicológico: con más horas de luz natural a su disposición, la gente puede dedicar más tiempo al consumo cultural y al tiempo libre, lo que mejora el bienestar psicológico de la población.

…Contra el impacto en la salud

Y es aquí donde toman la palabra los opositores del horario legal. El efecto psicológico, dicen, se observa en los países del sur, donde en verano la noche es bastante larga, mientras a los finlandeses, los suecos o los noruegos que tienen las noches blancas el horario legal ni les permite ahorrar electricidad, ni les alarga el tiempo cuando pueden disfrutar de la luz natural.

Al mismo tiempo, desde el punto de vista de la salud, el cambio de hora conlleva algunas desventajas importantes. Según los datos recogidos por la revista médica European Review for Medical and Pharmacological Sciences, en los primeros días después del cambio los infartos de miocardio aumentan entre un 4 y un 29%, mientras los ataques cardíacos crecen en un 5%.

Tampoco parecen muy contentos los agricultores que dos veces al año se enfrentan con pérdidas económicas generadas por la ansiedad que sufren los animales de granja. Por ejemplo, la modificación de las horas de ordeñar a las vacas reduce la cantidad de los litros de leche que puede dar cada animal.

Norte contra sur

Si, de todas formas, los países de la UE deciden dejar de cambiar la hora, ya sea desde esta primavera o desde el otoño, surge el problema de qué hora elegir. Establecer su propio huso horario es competencia de los Estados y Bruselas puede solo sugerirles que coordinen sus decisiones.

Por ejemplo, Francia quisiera quedarse con el horario de verano, lo que le permitiría aprovechar mejor los largos días estivales. A su vez, los norteños, los cuales a finales de junio pueden leer tranquilamente los libros de noche sin encender la luz, prefieren utilizar al máximo las pocas horas de luz natural que tienen en los oscuros meses invernales.

Si cada país sigue sus propias preferencias, el mapa actual de husos horarios europeos, donde predomina el GMT+2, se transformará en un mosaico con horas diferentes en el norte y en el sur.

Sin embargo, visto que la pandemia del COVID-19 aún no se da por vencida, el problema de fijar la hora del amanecer y de la puesta del sol no parece tan importante. El horario legal que tenía que pasar a la historia este año aún resiste, con lo cual el debate sobre los pros y contras de adelantar y retrasar las agujas del reloj está lejos de terminar.

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