El tráfico de datos en la región aumentó entre 20 a 30 por ciento, según estimaciones, y los expertos se preguntan si América Latina está preparada para el teletrabajo, una de las acciones recomendadas en muchos países para contener la propagación del coronavirus.

El cambio de comportamiento está vinculado al impulso de empresas y gobiernos del mundo para que sus empleados trabajen de sus casas, restringir el contacto social y contener la COVID-19. Ahora, la preocupación de algunos expertos es que esto sature las redes de telecomunicaciones y comprometa el tráfico de datos en Internet.

Por ejemplo, en Brasil, el aumento del teletrabajo por el avance del nuevo coronavirus provocó un récord de volumen de datos en las noches de 18 y 19 de marzo con alrededor de 10 terabits enviados por segundo, 15 por ciento más que el consumo normal, según el Centro de Información y Coordinación de Ponto BR (NIC.br), estructura responsable de coordinar uso y funcionamiento de internet en Brasil.

Las altas tasas de transferencia de datos también obedecen al elevado consumo de servicios de streaming de video, en plataformas como Netflix, y a la gran cantidad de videoconferencias por Skype o WhatsApp para sustituir el trabajo y las clases presenciales.

Los operadores, que saben que la capacidad de las redes no es infinita, ya están pidiendo a los usuarios que las usen con responsabilidad, aunque algunas entidades del sector, como la NIC.br, apuntan que la infraestructura está preparada para la alta demanda.

Julio Sirota, gerente de infraestructura del IX.br, entidad de la NIC.br responsable de crear la infraestructura para el intercambio de datos entre las redes de operadoras y empresas de Brasil, dijo que “es aumento esperado observado a lo largo de los últimos cuatro meses, así que no hay riesgos de esa nueva demanda sobrecargue los servidores”.

“Todo lleva a creer que el aumento del teletrabajo y el asilamiento afectará la infraestructura tecnológica de Latinoamérica”.

Rafael Almeida Evangelista, investigador de la Universidad Estatal de Campinas (Brasil)

Según Sirota, el riesgo, por ahora, es que el asilamiento restrinja la locomoción de técnicos e insumos usados en la manutención de la red.

En Argentina, en tanto, el tráfico de Internet en la primera semana de aislamiento creció entre 20 y 25 por ciento, según la Cámara Argentina de Internet (Cabase).

“Por ser una red resistente y preparada para las mas diversas contingencias, creemos que la infraestructura de Internet del país está en condiciones de afrontar esta situación excepcional y, si todos hacemos un uso responsable de los recursos, la conectividad va a responder bien”, dijo un portavoz de la Cabase.

Sin embargo, para la Cabase, el comportamiento del trafico de datos en estos días se asemeja al de hace un mes, cuando aún no habían empezado las clases. “La gran diferencia para las redes en estos días no va a ser tanto el teletrabajo sino los más chicos, que no están asistiendo a escuelas y consumen todo el tiempo contenidos multimedia y streaming en HD”, agregó.

En Ecuador, desde el inicio de la cuarentena se observó un crecimiento de 30 por ciento en la demanda de los servicios de Internet. Lo mismo en Chile, que registró un aumento de 30 por ciento en tráfico de datos entre el lunes 16 y jueves 19, según el PIT Chile.

En Uruguay, la Administración Nacional de Telecomunicaciones registró un crecimiento de 34 por ciento en el tráfico móvil (Whatsapp) después de confirmarse los primeros casos de COVID-19 en el país.

“Para mí, sin embargo, todo lleva a creer que el aumento del teletrabajo y el asilamiento afectará la infraestructura tecnológica de Latinoamérica”, dijo el sociólogo Rafael Almeida Evangelista, investigador de la Universidad Estatal de Campinas, Brasil.

“Con la alta demanda se espera que quien tenga más control sobre la infraestructura de red determine cuáles deben ser las prioridades del flujo de datos”, añade el investigador, que también es miembro de la Red de Estudios Latinoamericanos en Vigilancia, Tecnología y Sociedad.

En México, el Instituto Federal de Telecomunicaciones, el gobierno federal, y los integrantes de la industria y de la academia presentaron el 19 de marzo una serie de medidas para que la infraestructura tecnológica del país soporte el incremento de la demanda.

La orientación es que los usuarios hagan uso racional de los servicios de Internet para evitar el congestionamiento de la red en caso de que las empresas y el gobierno opten por el teletrabajo. Por su parte, los operadores de telecomunicaciones se preparan para ofrecer que no haya límite de datos, llamadas gratuitas y abrir redes WiFi.

En Perú, las autoridades también observan un aumento del tráfico. “Estamos muy cerca de una afectación neta a la capacidad de teletrabajo debido al incremento inusitado del uso de aplicaciones relacionadas al ocio durante horas laborables”, dijo Rafael Muente, presidente del Ospitel, el organismo regulador de las telecomunicaciones en Perú.

“Si sigue aumentando el consumo de los aplicativos de entretenimiento, con el paso de los días efectivamente se afectará la capacidad del teletrabajo y se le pondrá en riesgo”, opinó.

Muente añade que las operadoras podrán priorizar la red de fibra óptica para el teletrabajo, la teleducación, y la telemedicina, si es necesario.

A pesar de los esfuerzos para mitigar la diseminación de la COVID-19, el nuevo coronavirus impactará el mundo del trabajo, con el aumento del desempleo.

Sobre esto, Joaquín Toro, experto en gestión de desastres del Banco Mundial, dijo que si bien “el sector de la salud es el que más desafíos encuentra en este momento, también los otros sectores deben tener al día planes de continuidad de negocios y servicios para frenar el desempleo”.

En ese sentido, “el teletrabajo puede ser una fuente de más libertad, flexibilidad y bienestar, pero trae desafíos renovados, como garantizar horas de trabajo adecuadas, buena infraestructura, y bienestar mental del trabajador”, agregó Evangelista.

El investigador destacó que “es necesario analizar las nuevas estructuras organizativas para que este no sea simplemente un medio de reducir los costos de empresas y aumentar la explotación de la mano de obra trabajadora. En una emergencia, todos pueden contribuir un poco, pero después de ese momento es necesario asegurarse de que quienes tienen más poder no aprovechen la situación”.

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